SOBRE EL AUTOR

Carlos Alejandro Franco (Aguascalientes, México, 10 de febrero de 1964) es escritor de novelas, cuentos, relatos, guiones y, también, traductor, editor y realizador de largometrajes y documentales, miembro de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y de la Sociedad de Gestión Colectiva Directores México. 

En 1989, se graduó en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con su tesis profesional Política cambiaria y comercio internacional en México, 1976–1986; posteriormente, decidido a entregarse a su verdadera vocación, realizó estudios de cine y televisión en la afamada FAMU (Filmová a Televizní Fakulta Akademie Múzických Umění), de la Academia de Artes de Praga, capital de la extinta República Socialista de Checoslovaquia. 

A lo largo de su trayectoria profesional, Franco ha debido echar mano de todas las áreas al alcance de su vocación para no morir en el intento: realizador, redactor y creativo publicitario; guionista y director de radio, cine y televisión; articulista en medios impresos y electrónicos; desarrollador de contenidos para sitios web; corrector de estilo; escritor de discursos políticos; y, señaladamente, traductor y editor para importantes editoriales multinacionales, como National Geographic, Santillana USA, McGraw-Hill, Harvard Medical School, Houghton Mifflin Harcourt y Scott Foresman.

En México, Franco tiene el mérito de haber traducido la colección El curioso caso de Benjamin Button y otros relatos de Francis Scott Fitzgerald, publicada por Editores Mexicanos Unidos en su colección Fractales Orión, 2017.

En 1985, la UNAM premió y publicó su ensayo México, con mayúscula, con acento y con equis; en 2000, su documental sobre el exilio chileno en México, Allende el sueño (TV UNAM, 1998) recibió en Punta del Este, Uruguay, el primer lugar en la rama de humanidades por la Red de Televisoras Independientes de América Latina; en 2010, el Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA) hizo lo propio con su libro de cuentos infantiles El intrépido Capitán Miedo. Ese mismo año, el sitio literario Ficticia le concedió el primer lugar a su cuento breve Primera lección de ajedrez. En 2013, el ICA incluyó a Franco en la antología de narradores aguascalentenses contemporáneos: Contorno del agua

 Entre 1998 y 2000, Franco dirigió tres largometrajes: Loco corazón, Del rancho a la gran ciudad y Bienvenida, este último con guion de su autoría sobre el caso de Gloria Trevi y Sergio Andrade. Sin embargo, Televisa decidió enlatar la película por la peregrina razón de que su protagonista, Dulce María, se integró poco después al grupo RBD y consideró que su nueva imagen se vería afectada por su papel de adolescente abusada en ese largometraje.

El cementerio de los días (Medina Líber, 2020), su primera novela, fue tallereada en la víspera en el IV Taller Regional de Narrativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dirigido por el laureado escritor Daniel Sada (1953 – 2011). En 2011, el manuscrito obtuvo Mención Honorífica con derecho a publicación en el Premio Latinoamericano de Primera Novela “Sergio Galindo”, organizado por la Universidad Veracruzana, al tiempo que la prestigiosa agencia literaria de Carmen Balcells decidió ese mismo año representar al autor y su manuscrito a nivel mundial. 


Denuncia ciudadana y asilo político

En 2001, Carlos Alejandro Franco denunció públicamente el célebre «Cochinito» de Rosario Robles, mote con que él mismo sacó a la luz las corruptelas que la encargada del despacho del gobierno del Distrito Federal perpetró en colusión con Luis Kelly, dueño de Publicorp, la agencia de publicidad donde Franco trabajó de 1994 a 2000 como creativo, guionista, realizador y, principalmente, como creador y director de la serie televisiva Caminantes, transmitida por CNI Canal 40 en 1996-1998. 

Entre las múltiples represalias que padeció a consecuencia de su denuncia, sobresalen las calumnias y los infundios que difundieron, más que los señalados, los beneficiarios del presupuesto de Comunicación Social del GDF, sobre todo La Jornada e irónicamente CNI Canal 40, donde los periodistas que en la víspera celebraban sus programas, lo desconocieron entonces en el mezquino despropósito de proteger a su mecenas, señaladamente Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker y Víctor Trujillo. 

Poca cosa de cara al intento de asesinato que Franco sufrió en su propio domicilio, esta vez por órdenes de René Bejarano, a la sazón secretario particular del jefe de gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, con la aviesa intención de manchar de sangre las manos de su única rival hacia la candidatura presidencial del PRD. Aun aprehendido y confeso, el sicario fue liberado, adverando así la sospecha de que la orden sólo pudo provenir desde adentro y desde arriba, incluso más allá de la propia Fiscalía capitalina, esto es: desde la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. 

Así las cosas (peor, imposible), Franco no tuvo más remedio que solicitar refugio en Vancouver, British Columbia, adonde arribó el 3 de agosto de 2001, y, en donde, luego de múltiples trámites y al cabo de un prolongado juicio, la Junta de Inmigración y Asilo de Canadá (IRBC, por sus siglas en inglés) les concedió a él y su familia el estatus de refugiados conforme a la Convención de Ginebra. 

Sin embargo, muy pronto Franco debió admitir que, además de los amigos, discos y libros que había debido abandonar en México, ahora tenía que arrumbar también su pretenciosa carrera cinematográfica, televisiva y publicitaria. Y es que, aun cuando en un primer momento tuvo la buena fortuna de integrarse a la casa productora Real World para editar el documental Searching for Pinochet, dirigido por la chilena Carmen Henríquez Muñoz —gracias a su documental Allende el sueño—, esta buena racha resultó al cabo una suerte de «salud de la muerte» de su carrera audiovisual.

Entonces, ante el apremio de mantener a su familia, debió realizar distintos oficios elementales, incluso como ordeñador de vacas en la conurbada municipalidad de White Rock, hasta que encontró el que don Ramón del Valle Inclán considera el mejor oficio del mundo para un escritor: velador. ¡Eureka! Y en efecto: provisto cada noche de un termo de café, una cajetilla de cigarros y una laptop, Franco escribió gran parte de su novela El cementerio de los días en el céntrico Sandman Hotel de Davie St., y, luego, en el edificio en remodelación The Cube, sobre la neoyorquina Georgia St.

En 2007, Carlos Alejandro Franco obtuvo la ciudadanía canadiense y, desde entonces, tiene el privilegio de residir por temporadas en ambos países, así mero, como las ballenas, los patos y las mariposas monarca. Siempre libre y curioso de nuevos horizontes. 


Adenda

Desde junio de 2025, no se han tenido noticias de Carlos Alejandro Franco. Ni en México ni en Canadá, a pesar de los esfuerzos coordinados de la RCMP y de la ComisCión Nacional de Búsqueda de la SG. Por lo mismo, sus hijos decidimos empezar a publicar estos relatos que nuestro padre archivaba para un libro a modo de autobiografía y, ahora, sin remedio, los damos a conocer como botellas al mar, en la esperanza de que, si alguien tuviera algún dato sobre su paradero, se comunique al email al calce, del cual contamos con poderes notariales para acceder y responder a su nombre.

«La última vez lo vi irse entre humo y metrallas, contento y desnudo, iba matando canallas con su cañón de futuro, iba matando canallas con su cañón de futuro.»

—Silvio Rodríguez, La canción del elegido

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