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Gastón Melo Medina o por qué los alacranes no tienen alas

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  A la luz de la claridad que otorgan la distancia y el tiempo, convengo que el precio más oneroso del odio es la extrema atención que se le concede al victimario, en menoscabo de los intereses y objetivos propios, con el inevitable envenenamiento del ánimo . Con mayor amargura a la sombra de la impunidad que al verdugo le conceden los consabidos «palo dado ni Dios lo quita», «hay un Dios» y «de esta vida nadie se va sin pagar» —la ñoña letanía permisiva de la moral en boga—, por lo que el agraviado acaba, más que lamiéndose las heridas, echándoles sal con limón y chile piquín, en la esperanza de vengarse, escenificando en realidad una suerte de masoquismo compulsivo, tan adictivo como puede llegar a serlo la obsesión por el ser amado. Teniendo la esperanza como denominador común, ambos extremos pueden prolongarse una vida entera, sin exagerar, como en los patéticos casos de Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera a lo largo de «cincuenta y un años con nueve meses ...

Gastón Melo Medina: el odio como asunto del corazón

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Con toda razón, un lector atento podría convenir en este punto que el daño no me lo hizo tanto Gastón Melo Medina, cuanto Amador Prendes, dado que fue éste quien me tendió la carnada y, una vez mordido el anzuelo, me delató con diligencia argüendera. Aunque ruin, este anciano no me mereció un odio mayor, quizá por la misma razón que acusé con los trogloditas Eduardo Carrasco Zanini y Lolita de la Vega : «justo por su bestialidad desparpajada, en lugar de resentimiento, me queda más bien la vergüenza de no haberle hecho caso a la siempre alerta e inequívoca intuición…». Además, labioso y taimado como era, la comadreja juró que no había querido balconearme, sino alertar a Gastón sobre el desgaste que sus malas decisiones estaban causando en el equipo, en la esperanza de que recapacitara. Sí, Chucha, cómo no: sería ingenuo, mas no pendejo (aunque ahora pienso que no es lo mismo, pero es igual). Y si algún rencor llegué a sentir por este anciano embaucador, fue porque prometió rescatarm...