Gastón Melo Medina: el odio como asunto del corazón
Con toda razón, un lector atento podría convenir en este punto que el daño no me lo hizo tanto Gastón Melo Medina, cuanto Amador Prendes, dado que fue éste quien me tendió la carnada y, una vez mordido el anzuelo, me delató con diligencia argüendera. Aunque ruin, este anciano no me mereció un odio mayor, quizá por la misma razón que acusé con los trogloditas Eduardo Carrasco Zanini y Lolita de la Vega : «justo por su bestialidad desparpajada, en lugar de resentimiento, me queda más bien la vergüenza de no haberle hecho caso a la siempre alerta e inequívoca intuición…». Además, labioso y taimado como era, la comadreja juró que no había querido balconearme, sino alertar a Gastón sobre el desgaste que sus malas decisiones estaban causando en el equipo, en la esperanza de que recapacitara. Sí, Chucha, cómo no: sería ingenuo, mas no pendejo (aunque ahora pienso que no es lo mismo, pero es igual). Y si algún rencor llegué a sentir por este anciano embaucador, fue porque prometió rescatarm...